
Ayer por la noche acudí al reestreno (preestreno en términos locales ya que aun no se había proyectado en España, pero en los portales de internet por donde yo me suelo mover todos la hemos visto ya varias veces, de hecho es una de mis preferidas) de un film bolchevique con claras influencias irlandesas de la Alemania de los años 50. Ambientada en Japón. Los subtitulos estaban en portugués. Arte en estado puro.
La sala donde la proyectaron, un clásico. En la intimidad que creaban las cuatro alógenas rojas estudiadamente distribuidas podíamos ver perfectamente el rostro de la gente ahí presente, y matizar adecuadamente nuestras expresiones en función de la imagen que queríamos dar como respuesta a cada uno de los planteamientos que abordaba la película. Imprescindible para que se note mi media sonrisa sarcástica cuando se habla de política, o mi ceño fruncido y mis continuos resoplos cuando se trata alguna injusticia, por poner algun ejemplo. De este modo también podías ver quienes de los presentes estaban a la útlima en cuanto a pensamiento, o quienes solo eran frikis a los que de verdad les gustan las películas raras.
También la comodidad de los pufs rojos a juego con las luces hacía de la velada una agradable experiencia, a contrastar con las frías butacas fabricadas en serie por niños explotados que tienen en los cines comerciales.
Y lo más importante. NADIE con el asqueroso hábito de engullir palomitas o derivados durante la proyección. Tan tópico de la mayoritaria mediocridad que no son capaces de comprender la diferencia entre ocio y cultura. En lugar de eso, ansiolíticos, antidepresivos y alguna cachimba afganesa remataban un immejorable ambiente.
Pero como bien dice siempre mi personal shopper, la realidad está ahí fuera. Y con ella me topé de bruces al salir del local.
Me encanta construir frases ambiguas. ¿Se topó con su personal shopper? ¿Se topó con la realidad? ¿Será su personal shopper la realidad? ¿¿Realmente tiene personal shopper??
Pues amigos, la respuesta es un contundente Sí. Tengo personal shopper, pero no os llevéis las manos a la cabeza: mi estilo refleja mi personalidad y solo y exclusivamente depende de mis decisiones de compra. A ella solo la tengo en nómina por prevención, desde que un día me enteré que el daltonismo puede aparecer cuando menos te los esperas...
EDITADO: Me acabo de dar cuenta que no he terminado de contaros lo que quería. Mejor. Así os dejo con el cliffhanger y no os revelaré lo que pasó al salir de la sala hasta la próxima entrada. Espero que el vilo y la intriga os dejen concentrar medianamente en vuestros quehaceres. Próximamente: Mediocridad. 2a Parte.
La sala donde la proyectaron, un clásico. En la intimidad que creaban las cuatro alógenas rojas estudiadamente distribuidas podíamos ver perfectamente el rostro de la gente ahí presente, y matizar adecuadamente nuestras expresiones en función de la imagen que queríamos dar como respuesta a cada uno de los planteamientos que abordaba la película. Imprescindible para que se note mi media sonrisa sarcástica cuando se habla de política, o mi ceño fruncido y mis continuos resoplos cuando se trata alguna injusticia, por poner algun ejemplo. De este modo también podías ver quienes de los presentes estaban a la útlima en cuanto a pensamiento, o quienes solo eran frikis a los que de verdad les gustan las películas raras.
También la comodidad de los pufs rojos a juego con las luces hacía de la velada una agradable experiencia, a contrastar con las frías butacas fabricadas en serie por niños explotados que tienen en los cines comerciales.
Y lo más importante. NADIE con el asqueroso hábito de engullir palomitas o derivados durante la proyección. Tan tópico de la mayoritaria mediocridad que no son capaces de comprender la diferencia entre ocio y cultura. En lugar de eso, ansiolíticos, antidepresivos y alguna cachimba afganesa remataban un immejorable ambiente.
Pero como bien dice siempre mi personal shopper, la realidad está ahí fuera. Y con ella me topé de bruces al salir del local.
Me encanta construir frases ambiguas. ¿Se topó con su personal shopper? ¿Se topó con la realidad? ¿Será su personal shopper la realidad? ¿¿Realmente tiene personal shopper??
Pues amigos, la respuesta es un contundente Sí. Tengo personal shopper, pero no os llevéis las manos a la cabeza: mi estilo refleja mi personalidad y solo y exclusivamente depende de mis decisiones de compra. A ella solo la tengo en nómina por prevención, desde que un día me enteré que el daltonismo puede aparecer cuando menos te los esperas...
EDITADO: Me acabo de dar cuenta que no he terminado de contaros lo que quería. Mejor. Así os dejo con el cliffhanger y no os revelaré lo que pasó al salir de la sala hasta la próxima entrada. Espero que el vilo y la intriga os dejen concentrar medianamente en vuestros quehaceres. Próximamente: Mediocridad. 2a Parte.
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Oye, pues tiene buena pinta la peli esa. ¿como se titula?
ResponderEliminarPobre ignorante! No es una "peli", como tu la llamas, sino un film independiente en formato documental cuya correcta comprensión implica poseer un buen desarrollo del yo interior que equilibra el cortex superior izquierdo.
ResponderEliminarAh, ¿Resacón en las Vegas?
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